Antes de que el cacao se convierta en chocolate, comienza como una vaina en un árbol. Pero aún antes, una sola plántula decide su destino.
Escondidos en lo profundo de la región de la selva tropical de Palos Blancos, Bolivia, los agricultores de cacao viajan horas por caminos de tierra para llegar a un lugar que no se parece en nada a una finca tradicional de cacao. Su objetivo es simple: acceder a material de plantación que dé a sus fincas una mejor oportunidad de resistir un clima que cambia rápidamente.
En el centro de esta red está Román Romero Flores, un investigador de cacao y encargado de vivero que está moldeando el futuro del cultivo de cacao en Bolivia. Su trabajo se centra en una pregunta crítica: ¿qué árboles de cacao seguirán creciendo dentro de años?
Un laboratorio vivo en la selva tropical
Durante más de una década, su vivero ha funcionado menos como una fábrica comercial de plantas y más como un laboratorio vivo para la agroforestería. En la agricultura agroforestal, el cacao crece junto a árboles cítricos, especies de sombra y plantas nativas del bosque, creando pequeños ecosistemas diseñados para restaurar la salud del suelo y proteger los cultivos contra el clima extremo.
A través de la investigación práctica, injertos cuidadosos y experimentación constante, Román prepara a los agricultores con plantas de cacao que pueden resistir enfermedades, sequías, lluvias intensas y estaciones cambiantes; realidades que se están volviendo imposibles de ignorar.
“Hemos estado estudiando cada planta y su comportamiento profundamente — cómo reaccionan al frío, la humedad, el calor, los rayos del sol,” explica Román.
Años de observar la diversidad genética del cacao han moldeado tanto las plántulas que Román produce como las orientaciones que comparte con los agricultores. Su enfoque a largo plazo, basado en la investigación, le ha ganado una sólida reputación, atrayendo a agricultores de toda la región que viajan largas distancias para obtener plantas de su vivero.
Por qué la etapa del vivero importa más que nunca
El cacao es un cultivo que requiere paciencia. Sus árboles tardan varios años en madurar. Si un árbol joven falla temprano debido al estrés climático o a enfermedades, esa pérdida representa años de tiempo, trabajo e ingresos.
En Bolivia, la presión climática ha dejado esa realidad dolorosamente clara. Los modelos agrícolas tradicionales ya no garantizan estabilidad. Despejar tierras para el ganado a menudo genera ingresos más rápidos que cultivar, aunque acelera la deforestación y la degradación del suelo.
Román entiende esta tensión de primera mano.
“En el pasado, pocas personas querían producir cacao. Solo tenían ganado. Deforestaban colinas,” dice.
Su trabajo ofrece un camino diferente. Al suministrar plántulas de cacao resistentes al clima y capacitar a los agricultores en técnicas de injerto, Román hace que la agroforestería no solo sea una elección ecológica, sino también una opción económica viable.
La agroforestería como un cambio de mentalidad
La transición a la agroforestería no solo se trata de plantar diferentes árboles. Se trata de cambiar la forma en que las personas se relacionan con la tierra.
Román trabaja estrechamente con comunidades indígenas, compartiendo habilidades prácticas que permiten a los agricultores diversificar sus ingresos mientras restauran la cobertura forestal.
“Les enseño a injertar. Les doy diferentes variedades, para que puedan trabajar y producir,” explica. “Queremos que dejen de deforestar alentándolos a cultivar más plantas.”
Cuando el cacao crece junto a otros árboles y plantas, las raíces retienen agua. Los doseles enfrían el suelo. La biodiversidad permite una relación recíproca con la tierra. Y el resultado es resiliencia.
“Esto me da esperanza,” dice Román. “Es beneficioso para nosotros, para las condiciones climáticas.”
Un vivero arraigado en la comunidad
El vivero de Román opera en Colonia Sumaj Orko, dentro del municipio de Rurrenabaque. Su ubicación refleja tanto profundos lazos comunitarios como una larga experiencia técnica.
Cuando visitamos el vivero con nuestro socio boliviano de cacao, Sicirec, quedó claro por qué este sitio juega un papel tan importante en la región. Los miembros de la comunidad local trabajan en el vivero, aportando mano de obra, experiencia y cuidado. El vivero proporciona ingresos, pero también funciona como un espacio compartido donde circula el conocimiento entre investigadores, agricultores y futuros cultivadores.
Desde 2022, el vivero ha producido plántulas de cacao para proyectos agroforestales apoyados por Sicirec, ayudando a asegurar que material de plantación de alta calidad y resistente al clima llegue a los agricultores que están en transición hacia sistemas agroforestales.
Al apoyar viveros como el de Román, podemos respaldar un cultivo de cacao que está arraigado en el conocimiento local, construido para la resiliencia a largo plazo y diseñado para trabajar con el bosque en lugar de contra él.
Pensando en el futuro
A medida que los extremos climáticos remodelan dónde y cómo se puede cultivar el cacao, viveros como el de Román se están volviendo esenciales porque son de los pocos que preservan la diversidad genética y mantienen los bosques en pie.
El futuro del cacao no será determinado por una sola solución o innovación. Será moldeado por muchas decisiones cuidadosas, tomadas temprano y repetidas a lo largo del tiempo.
Y a menudo, esas decisiones comienzan aquí en un vivero, con árboles jóvenes cultivados con cuidado para los paisajes de los que algún día formarán parte.