“Preservar una plantación de cacao es una forma de preservar una selva.” Así lo expresa Ana Parizot-Wolter cuando la visitamos en Hacienda La Luz.
Ana es una agricultora y chocolatera de cacao de tercera generación. Dirige la finca de cacao Hacienda La Luz y la fábrica de chocolate Chocolate Wolter, en Comalcalco, Tabasco. También es una defensora feroz de la biodiversidad.
Cuando la visitamos en Hacienda La Luz, nos recordó que la vida no existe en aislamiento. Cada especie necesita a otras para sobrevivir.
Para Ana, proteger su finca de cacao no es solo cultivar cacao. Es proteger la selva misma. Mantenerla segura de la ganadería, el monocultivo y cualquier otra cosa que despoje la tierra.
La Selva Marca el Camino
La Hacienda La Luz ha estado en la familia de Ana por más de un siglo. Fundada por su abuelo, un médico alemán llamado Otto Wolter, evolucionó de una plantación de cacao a un refugio para la biodiversidad — un lugar donde árboles frutales, enredaderas de vainilla, plantas de canela y altos árboles de sombra coexisten para crear un ecosistema equilibrado y resistente.
“Necesitas la sombra de los árboles grandes para que el cacao crezca y produzca,” nos dice Ana, guiándonos por la plantación.
“¿Ves allá?,” dice Ana, señalando tres árboles imponentes cercanos. “Este es un árbol gaucho, este es un cedro rojo y este es un mango manila.”
“Todos están juntos, así.” Ana extiende los brazos antes de agarrar los codos opuestos para demostrarlo. Se refiere al sistema de raíces de los árboles que se sostienen unos a otros.
“Cuando hay viento, uno ayuda al otro a mantenerse así y no caer.”
“Entonces, la lección principal que podemos aprender de la naturaleza es que la única manera que tenemos para preservar este planeta es trabajando juntos, cooperando entre diferentes especies.”
Ana Contra Todo Pronóstico
Hoy, el trabajo de Ana es más difícil que nunca. Las lluvias que solían llegar confiables cada año ahora llegan tarde o no llegan. Las mazorcas de cacao que antes eran abundantes ahora crecen muy lentamente, obligando a Ana a adaptarse y replantear cada decisión de cultivo de cacao.
Los días sagrados de siembra — como el tradicional Día de la Cruz — ya no garantizan las lluvias de las que dependen los agricultores y la selva.
Ana nos cuenta que los agricultores están considerando la irrigación.
“Quizás tengo la solución para tener cacao. Pero tengo otro problema porque vamos a necesitar mucha agua,” dice Ana.
“Así que necesitamos pensar, como humanidad, necesitamos pensar en el problema y en la raíz del problema. El problema es que el clima está cambiando y se está volviendo extremo. Sabes, en algunas partes no hay lluvia y en otras hay muchas inundaciones.”
“Estamos haciendo que eso suceda.”
El corazón de todo
Para Ana, Hacienda La Luz es más que cacao. Se trata de compartir las lecciones de la selva para proteger nuestro planeta.
“Esta no es una plantación económica de cacao hecha solo para tener cacao. Esto es para preservar la selva original,” nos dice Ana.
“En Tabasco, hemos perdido el 98% de nuestra selva original. Porque aquí tenemos la industria petrolera, porque tenemos vacas, muchas vacas, por el crecimiento de la población y las ciudades.”
En la selva tropical, un árbol de cacao no está solo. Está rodeado por una red: árboles frutales, árboles de sombra, animales, polinizadores. Juntos crean equilibrio.
Por eso ella no solo planta cacao. Planta mango, caimito, yaca y zapote. Protege especies en peligro. Da la bienvenida a la vida silvestre, describiendo Hacienda La Luz como ‘una jungla domesticada’. En Hacienda La Luz, la agricultura y la naturaleza se unen, haciendo posible que ambas prosperen.
Enraizados en historias. Creciendo con propósito.
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